Guerra Civil Española en Málaga. Se intenta asaltar el gobierno civil

 Guerra Civil Española en Málaga. Se intenta asaltar el gobierno civil

Se internó la compañía Huelin en la Alameda de Pablo Iglesias, dirigiéndose hacia la Acera de la Marina. Paralelamente, dos compañías de la Guardia Civil, mandadas por el teniente Vega y el alférez Ruiz, se estacionaron en la Plaza de Toros con miras al Gobierno Civil. Mientras tanto, los carabineros han adoptado una postura ambigua, en desacuerdo con lo manifestado por su teniente coronel. Se encierran y no salen, esperando acontecimientos. El peso de la acción recae, por tanto, en la tropa de Huelin. La concentración de objetivos favorece la operación militar, ya que Gobierno Civil, Ayuntamiento y Telégrafos están cerca unos de otros. Una tropa no muy numerosa, pero bien organizada, llevaría a cabo la con quista de estos edificios.

Ante el despliegue militar la gente se asustó, los comercios céntricos cerraron de inmediato y el público que se hallaba en la calle se refugió donde pudo, sin atreverse a salir. Por la noche la radio anunciaba mensajes a los familiares de personas que no pudieron llegar a sus domicilios, en los que se les comunicaba que estaban bien.

Llegando al final de la Alameda, cuando iba la tropa a entrar en la plaza de Augusto Suárez de Figueroa, un tranviario llamado Rafael Pereira se puso frente a los soldados y levantando el puño, gritó «¡UHP!».

Un oficial se lanzó sobre él dándole un puñetazo y, sacando su revólver, le hirió en un brazo. Desde este instante se le empieza a disparar a los soldados, convirtiéndose la Acera de la Marina en un campo de batalla. La tropa se replegó bajo la estatua del comandante Benítez. Se contabilizan ya tres heridos, tres paisanos y tres músicos de la banda militar. Al intentar avanzar hacia el Gobierno, se encuentran con el fuego de ametralladora de la Guardia de Asalto, parapetada en la Aduana, dentro de la cual se hallan varios oficiales que están comprometidos (posiblemente sin que lo supieran sus propios compañeros). Será, sin embargo, la energía del capitán Mo lino y el teniente Mora la que decida la situación a favor del Gobierno. Desde el edificio de la Aduana, que constituye un parapeto difícilmente atacable, se bate con gran facilidad al Ejército. Entretanto, y ya que es sólo la compañía de Huelin quien ataca el Gobierno Civil, los paisanos por las calles de Larios y Plaza de la Constitución hostigan el flanco izquierdo y la espalda de la tropa. Los soldados han de dividirse en dos secciones y establecen un amplio perímetro para defenderse mejor.

La Telefónica constituirá un cajón de sorpresas. Primeramente la Guardia Civil (sublevada) toma la Telefónica, y, aludiendo que venían a reforzar la guardia, encañonan a los de Asalto y los encierran, haciéndose cargo del edificio, son sustituidos después por una sección del ejército.

Pues bien, unas horas más tarde otra sección de Asalto utiliza la misma argucia. Dijeron a los soldados que ya se había rendido el Gobierno Civil y que allí debían marchar. Salieron éstos y al volver ya fueron recibidos a tiros.

A las ocho de la noche, sale una sección desde Capuchinos, a fin de apoyar a Huelin y despejar la calle Larios. Otra, mandada por el capitán Saavedra, limpia barrios próximos al centro. Cuando los soldados estaban en calle Larios, desde una bocacalle se arrojó una botella de líquido inflamable contra el número 5 de la calle (Casa Morganti, almacén de molduras y cuadros), que empezó inmediatamente a arder. Dice «El Popular» que la causa de este acto fue que desde los pisos superiores se disparaba contra el pueblo. Otro grupo hizo la misma operación en la Librería Rivas, que al empezar a arder obligó a desalojar el Hotel Niza. La gente que se hallaba en la calle, se dirigió entonces a la casa llamada «La Marque sita», que se decía era lugar de reunión de los fascistas y, sacando los muebles a la calle, les prendieron fuego.

A las nueve y media de la noche la tropa había ocupado la calle 14 de Abril (calle Larios), donde colocaron tres ametralladoras frente a la calle Strachan, Acera de la Marina y Plaza de la Constitución. Se obliga cerrar puertas y ventanas, y a los transeúntes a andar con las manos en alto.

Nos cuenta «El Popular»: «… A las diez de la noche, eran dueños de las calles céntricas donde circulaban los oficiales dando órdenes, y jóvenes fascistas que llevaban agua y comida a los soldados. Apoderados de la calle 14 de Abril, Plaza de la Constitución y calle Granada, los militares, apoyados por jóvenes fascistas, pretendieron efectuar el asalto a la Aduana, haciéndolo a la vez por las calles Cortina del Muelle y Císter. Asaltos y paisanos repelieron la agresión, hicieron esconderse a los soldados en el Parque y en el arbolado existente alrededor de la iglesia del Sagrario, desde donde se replegaron a la plaza Suárez de Figueroa, estableciendo allí puestos de en lace e intentando apagar los fuegos de calle Larios.

A las doce de la noche, calle Larios ofrecía un as pecto dantesco, ya que las llamas se habían extendido. Desde hoteles y viviendas salían familias con maletas alejándose del fuego.

Entretanto, se había instalado frente al Gobierno un cañón del 7,5, dos morteros y dos ametralladoras. La misión del Ejército era proteger a toda costa el puerto, donde habrían de desembarcar las tropas de Marruecos. Igual ocurría en el Campamento Benítez.

Inmaculada Montes

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Enamorada de Málaga. Periodista por la Universidad de Málaga. Redactora digital para diferentes medios y revistas. Me encanta el arte, la cultura y el cine. Escribo sobre actualidad y noticias de último hora. Te mantenemos al día.

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