Guerra Civil Española en Málaga. Queipo de Llano y la II división orgánica

 Guerra Civil Española en Málaga. Queipo de Llano y la II división orgánica

Gonzalo Queipo de Llano, como muchos jóvenes a finales del siglo XIX, fue seminarista, ingresando después como soldado voluntario en 1891. Participa en las campañas de Cuba donde es ya oficial. En 1923, con la entrada de la Dictadura, ocupa la Comandancia Militar de Ceuta. La llegada del nuevo régimen es juzgada positiva por Queipo, que escribe algún artículo de alabanza al Directorio. Años después comienza su descontento hacia Primo de Rivera, extremando sus críticas y falta de disciplina de tal manera, que es pasado a la reserva en 1928, negándose la Junta Clasificadora de la Dictadura a ascenderle a general de División.

En 1927, Sánchez Guerra, jefe del partido Conservador, intenta un golpe militar contra el régimen, con la participación de Queipo y otros generales —la mayoría africanistas—, que supone un rotundo fracaso. El general permanecerá detenido 84 días. Tres años después se compromete en una nueva sublevación: la de Cuatro Vientos. Conjuntamente en Jaca, Burgos y Cuatro Vientos se produciría, en 1930, una sedición militar, de acuerdo con varios generales del ejército —Núñez de Prado y Queipo de Llano, quien tenía la misión de hacerse cargo de los Regimientos de Artillería de Campamento-Madrid—. El movimiento militar estaba simultaneado por una huelga general y varias acciones de la Aviación, pero al adelantarse Galán y García Hernández en Jaca, queda frustrado. En Madrid no estalla la huelga general. Algunos militares se retiran. Ramón Franco decide mantener la intentona, y Queipo marcha a Cuatro Vientos para, desde allí, ocupar Campamento. Pero al no existir condiciones, Franco, Cisneros y otros, bombardean Madrid… con octavillas. Consiguen huir a Portugal. Queipo de Llano se refugia en París, donde al decir de algunos autores, la tan insólita aparición, causa el hazmerreír de los políticos de la oposición allí exiliados.

La caída de la Dictadura de Primo de Rivera inaugura la llamada «Dictablanda» de Berenguer. Este gobierno pone en marcha una política de conciliación y concede una amnistía. Prieto, Unamuno y otros exiliados, regresan de París. Pero a los generales pasados a la reserva —Queipo, López Ochoa y Cabanellas— no se les restituye por las leyes especialmente rígidas del Ejército. Queipo exacerba sus crí- ticas a Primo de Rivera con su tradicional lenguaje poco educado e imprudente. En respuesta a una de sus diatribas, José Antonio Primo de Rivera le abofetea en público. No será la primera vez que esto ocurra al general, debido a su poco comedido lenguaje y actitud. Su posición política parece afianzarse y constituye, junto a otros militares represaliados, la llamada Asociación de Ciudadanía Militar, organización de claro matiz republicano.

Como era de esperar, la proclamación de la República supuso para todos estos militares la vuelta a la actividad, su rehabilitación y ocupación de puestos de mayor importancia en el mando, al servicio del ideario que habían venido manteniendo. Cabanellas es designado capitán general de Andalucía, y Queipo de Llano, capitán general de Madrid. El cargo no podía ser de mayor confianza, ya que dicha capitanía suponía el control de la capital de la nación y del gobierno del Estado. Cuando Azaña comienza sus conocidas reformas militares, Queipo se convertirá en un irreflexivo brazo derecho de estas reformas, que los oficiales nacionalistas detestaban profundamente. Las órdenes de Azaña las cumple tan a rajatabla contra los militares no afectos al régimen, que ha de llamarle el gobierno repetidas veces la atención. Por una nueva imprudencia, un capitán del ejército le abofeteaba en público.

Gonzalo Queipo de Llano es un republicano decidido y se fotografía con los políticos socialistas en numerosas ocasiones. Siendo capitán general de Madrid, no permite que las tropas intervengan para impedir la quema de conventos en la capital de España. Sale él personalmente, e intenta apaciguar a las masas, pronunciando un discurso. Su actitud obliga al mismo Alcalá Zamora, a pedir su sustitución como jefe del Cuarto Militar del presidente de la República.

La República española había dado los mayores cargos al general: ascendido de general de Brigada a general de División, capitán general de Madrid, general en jefe de la Primera División Orgánica, jefe del Cuarto Militar del presidente de la República, director general de Carabineros, jefe de la Inspección General del Ejército, inspector general de Carabineros. Las causas de su rápido enfrentamiento con la República no son históricamente muy conocidas; lo que sí hay que destacar es lo súbito del cambio.

Naturalmente, los tempranos conspiradores contra la República no habían contado con Queipo, los generales y jefes que dirigían la conspiración le tenían una profunda desconfianza. Mola, no cabe la menor duda, jugó muy hábilmente al incorporar a Queipo al alzamiento.

Los primeros meses de 1936, a fin de sondear la situación, como director general de Carabineros, viajó a Pamplona, donde se entrevistó con Mola (3), a quien pregunta a bocajarro sobre la marcha de la sublevación. Este, contesta con evasivas, pero deja abierto un canal que después va a utilizar. El 1 de junio de 1936 vuelve a Pamplona para ponerse en contacto con «El Director». Para entonces López Pinto y Galarza ya apoyaban su entrada en el alzamiento. Mola le convoca en Izurzum en cita clandestina, donde le expone claramente el plan militar de las 5, 6 y 7 Divisiones y del Ejército de Marruecos. Mola deja caer que faltaba información de Andalucía, especialmente de Sevilla, Cádiz, Málaga, Algeciras (sitios en que basaba su estrategia) y que precisaba de ésta. Queipo quedó en visitar dicha región y recabar información. El 23 de junio, en una nueva entrevista, no aportó apenas más noticias que las que Mola conocía a través de Galarza: mal en Sevilla, Granada, Málaga y el Arsenal Marítimo de Cádiz; alguna posibilidad en Cádiz, bien conectada Ceuta. El coronel García Escámez recorrería después Andalucía en viaje informativo, llegando a la conclusión de que allí las fuerzas del Frente Popular eran poderosas y «que el porvenir sobre aquella tierra se cifraba en una rápida intervención de las tropas de Marruecos» (4). Según informes de la Dirección General de Seguridad, las peores zonas eran la zona minera de Córdoba, y Málaga.

En esta reunión Mola ya tenía destinado el papel a Queipo, quien visto lo avanzado de los planes se autopropuso para mandar la VIl División (Valladolid). Mola contesta negativamente y le encarga la Segunda División Orgánica (Sevilla). Queipo queda sorprendido de ser enviado a Andalucía. Acepta, siéndole confiadas la estrategia de la II División, de las bases de Cartagena y Cádiz y de las fuerzas de Marruecos.

Incomprensiblemente, los primeros días de julio traslada a su familia a Málaga, como el lugar más seguro hasta el triunfo definitivo del alzamiento.

Su entrada en el movimiento militar causaría muchas sorpresas entre generales, jefes y oficiales, como ocurriría con el coronel Aranda, acusado de masón. A finales de junio, conociendo Franco la participación de Queipo, Cabanellas y otros, decide adherirse definitivamente, utilizando a Yagüe como una especie de representante oficioso.

Sevilla no es una ciudad fácil para el general desde la existencia de un movimiento obrero muy fuerte hasta el fracasado precedente de Sanjurjo en esa capital. La ayuda del comandante jefe de Estado Mayor, Cuesta Monereo, sería decisiva, ya que constituía la auténtica base, junto a la oficialidad de la plaza, del alzamiento. Estando en Huelva, recibe notificación de Ceuta para que regrese rápidamente. Ves tido de paisano, llega al cuartel de la División, don de el general Villa le manifiesta su intención de no sublevarse. Va hacia un hotel y vuelve deteniendo al general Villa Abreville y su ayudante, con la participación de los oficiales que le apoyan. Este sería el comienzo de las operaciones, hasta la toma definitiva de Sevilla.

El 18 de julio el alzamiento militar se extiende por toda Andalucía. En las cabeceras militares de Sevilla, Granada, Córdoba y Cádiz triunfa la sublevación (Huelva se les une días después). Los generales Va lera y López Pinto se adueñan de Cádiz; en Granada toma el mando el coronel León Maestre (el de mayor antigüedad); tras la destitución del general Campins, el coronel Ciríaco Cascajo se apodera de Córdoba. Almería, Jaén y Málaga quedan a favor del Frente Popular. El balance es claramente favorable a Quei po, ya que tiene casi toda Andalucía Occidental y el enlace de guarniciones de Córdoba y Granada.

Inmaculada Montes

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Enamorada de Málaga. Periodista por la Universidad de Málaga. Redactora digital para diferentes medios y revistas. Me encanta el arte, la cultura y el cine. Escribo sobre actualidad y noticias de último hora. Te mantenemos al día.

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