Parte 11 – Las evasiones

 Parte 11 – Las evasiones

A las «evasiones» urdidas por los nazis, siempre con idéntico resultado, ya me he referido.

Traspasar las alambradas o la grandiosa puerta mediante una planificación individual o en limitado grupo, caso de conseguirlo, era siempre de forma efímera puesto que, una vez fuera de la fortaleza era prácticamente imposible eludir el acoso de los perseguidores y la denuncia o apresamiento por personal civil siempre presto a ello. Deambular entre masas fanatizadas, esconderse o conseguir comida era pura quimera.

Pese a ello, el día 30 de julio de 1942 un austríaco destinado en la lavandería se decidió a poner en marcha un plan de efecto momentáneo.

Periódicamente, los uniformes de los deportados fallecidos o asesinados eran transportados en grandes cajones a nuestra más cercana y populosa población, Linz, para su desinfección y limpieza antes de serle asignado a otro portador del triángulo identificativo.

El joven Hans Bonarewitz se camufló en uno de los cajones consiguiendo, a bordo del camión, cruzar la puerta. Descubierto en la operación de vaciado fue retornado al campo siendo condenado a la horca.

La imaginación macabra del dúo Ziereiz-Bachmayer no tenía límites. Siendo domingo, fuimos concentrados todos los deportados en la Appell Platz, organizándose un espectáculo dantesco para ser presenciado por el colectivo de más de 10.000, número habitual, como mínimo, de la plantilla permanente del campo.

Montado sobre una plataforma de cuatro ruedas tirada por compañeros de su propia nacionalidad y el cajón utilizado para su intento plantado a su espalda, la tétrica burla la constituía la orquesta que, interpretando una pieza musical francesa de moda, J’attendrais ton retour -yo esperaré tu vuelta-, le acompañaba hasta el patíbulo.

Todos en posición de firmes, fuimos testigos del paseo del condenado durante un tiempo que nos pareció eterno y de la agonía del infortunado colgado de la horca, cuadro habitual en Mauthausen, pero sin la parafernalia de este caso.

El colofón de la fiesta fue el desfile por delante del ahorcado de todos los deportados con la cabeza descubierta.

La foto de tal «hazafla» que se acompaña, fue presentada proceso de Nuremberg. Nuestro camarada, el joven español Paco Boix, trabajando en el servicio fotográfico de la SS. pudo conseguir, jugándose la vida, el negativo que justifica la burlesca escena. El fue el único testigo español citado a declarar por el Tribunal Internacional para determinar la autenticidad de las pruebas aportadas.

En el capítulo de las evasiones hubo muchas ejecuciones encubiertas. No existían tales intentos y a tenor de ello puedo poner como ejemplo el proceder del SS. Johanes Bernhard Grimm, jefe absoluto de la cantera del campo, quien incluía en los «dossiers» del caso fugas que no eran otra cosa que asesinatos planificados de antemano sin que el elegido, ni por asomo, hubiese tenido in mente tal intención.

No existía ningún problema. Dar cuenta de ello era un simple formulismo exento de respondabilidad. Al fin y al cabo se eliminaba a un componente más de la raza inferior y se conseguía, a la vez, aumentar la valoración a su labor por los jefes del campo.

Ante el incontenible avance de los ejércitos soviéticos por tierras austríacas, en febrero de 1945 se produce una gran evasión desde el campo ruso anexo a Mauthausen.

Testigo presencial de la inesperada e inverosímil fuga lo fue mi camarada de Sabadell, Eduardo Garrigós a quien hemos enterrado en Frontignán en abril último y a cuyo sepelio asistimos familiares y los escasísimos compañeros, todavía con vida, de la triste época de la deportación.

Me contaba Eduardo que los prisioneros de la Unión Soviética, en un alarde de coordinación y presteza maniataron a sus jefes de block y kapos, sin excesiva resistencia al estimar éstos que la causa nazi estaba perdida.

Amontonando mesas, sillas y toda clase de enseres consiguieron la altura suficiente para superar el muro de granito que les separaba de una libertad incierta.

Conseguido su primer objetivo, ya en alarma el dispositivo del campo, centenas de ellos se desparramaron por los campos adyacentes, enfilando la dirección Este, punto de procedencia de las divisiones que mas tarde supimos estaban al mando de los generales To1bukin y Malinovsky que ocuparon Viena. Salzburg y la cercana Linz cayeron en manos de las fuerzas blindadas de Patton.

Superada la sorpresa, el centinela del mirador más próximo abatió a muchos de los fugitivos, montándose seguidamente la caza del hombre.

Se comentó ampliamente la hazaña sin concretar el número de ellos que enlazaron con sus compatriotas, circunstancia que se daba, pese a la dificultad que entrañaba.

Muchos de ellos, apresados y retornados al campo, sangrantes por los culatazos de los SS., si bien no todos ejecutados en el acto, fueron torturados hasta la muerte.

Nosotros desde Mauthausen, Gusen y Ebensee tardamos poco en escuchar los cañonazos de la artillería pesada de los norteamericanos y soviéticos, más estruendosa la norteamericana, prueba evidente de que era la más próxima a nuestro campo, sonido que pocos días despues fue reemplazado por el chirriar de las cadenas de los tanques U. S.A. -los Sherman-, y los motores de los jeeps, estos apareciendo con prodigalidad y que tan gran papel decisorio jugaron en la victoria de los aliados.

Inmaculada Montes

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Enamorada de Málaga. Periodista por la Universidad de Málaga. Redactora digital para diferentes medios y revistas. Me encanta el arte, la cultura y el cine. Escribo sobre actualidad y noticias de último hora. Te mantenemos al día.

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