Mujeres malagueñas en la represión franquista

 Mujeres malagueñas en la represión franquista

La capital malagueña desde el 18 de julio de 1936 hasta el 8 de febrero de 1937 fue parte de la zona republicana en guerra. Las dificultades propias de la situación tuvieron pésimos efectos en la población civil. Conocemos la evolución política y militar; la violencia en aquellos momentos8 y las consecuencias de la llegada de refugiados de las zonas ocupadas, la escasez de los alimentos que determinaron una elevada mortalidad y los efectos de los bombardeos. En Málaga, ante el cerco militar, percibido desde los primeros días de febrero de 1937, y más concretamente desde el día 7, la población civil se precipitaba hacia la única salida libre que era la carretera de Málaga a Almería.

Las mujeres fueron, en buena medida, las que impulsaron la salida masiva, con escasos medios, siendo ellas mismas las encargadas de mantener controlados los niños, ancianos y los enseres que portaban. Tan temeraria partida se explica por el terror infundido por los refugiados que venían contando las atrocidades que habían vivido u oído de las zonas ocupadas. El miedo a los moros, a las posibles violaciones y mutilaciones animaron a la salida confirmándose una mayor determinación en los grupos donde había niñas, adolescentes o mujeres solteras. El terror no era infundado y abiertamente Queipo de Llano desde los micrófonos de Radio Sevilla amenazaba de esta forma: “Legionarios y Regulares han enseñado a los rojos lo que es ser hombres. También las mujeres de los rojos han conocido hombres de verdad y no castrados milicianos”.

La salida de decenas de miles de personas, en su mayoría población civil constituye uno de los episodios más dramáticos de la guerra y supuso, para un grupo numeroso, verse alcanzados por las tropas italianazas; para otros, permanecer hasta el final de la guerra en zona republicana para volver a la provincia, si no se había conseguido cruzar las fronteras hacia el exilio.

Muchas fueron detenidas en el mismo camino. Que fueran consideradas objeto de un engaño y, por tanto, eximidas de responsabilidad, o que fueran tenidas por personas que huían identificadas con la Républica, dependía solamente de circunstancias que no responden sino a casualidades, y a la situación desconcertante de la guerra. Así, muchas fueron según el lugar y por quién, detenidas como contrarias al Glorioso Alzamiento. Carmen Gómez, militante comunista y del comité de Enlace, fue denunciada en público en las calles céntricas de Málaga y detenida en un palacete de calle Carretería de Falange. Allí recuerda cómo se pelaba y se obligaba a beber aceite de ricino a las detenidas mediante la amenaza con pistolas. Luisa Huete, una jovencita que había cosido ropa militar en el cuartel de Segalerva fue detenida en la fábrica de Tabacos, lugar donde concentraron a las mujeres de los barrios de las zonas industriales en las primeras horas de la ocupación bajo las órdenes y el vergajo del Sargento Vega, que las seleccionaba para enviarlas a la cárcel. Dos testimonios nos sitúan fielmente en aquellos momentos de desconcierto para quienes desconocían la gravedad de aquellos momentos: “Era un día del invierno del 1936 cuando en la puerta del cuartel de Huelin había mucha gente porque habían detenido a dos mujeres y las querían registrar y el brigada de la guardia civil dijo que las primeras dos mujeres que pasaran las llamaban para registrarlas y una de ellas era mi madre y salieron diciendo que las dejaran que no llevaban nada ¡Qué mala suerte! (…) El 8 de febrero escapamos por la carretera de Almería pero nos alcanzaron los alemanes y nos volvimos para la casa. El día 11 sale mi madre a la tienda y pasa una hora y otra. Salí a buscar y a preguntar y me dieron las 5 de la tarde cuando una vecina me dijo que no buscara más que mi madre estaba detenida en la fábrica de Tabacos. Fui y con qué ganas me besó. Estaba llorando. Había tantas mujeres… todas apiñadas y unas muy jóvenes otras muy mayores y me fui a decírselo a mi padre. Ya no estaban. Ya en la cárcel. A mi madre la mataron”. Un caso de Álora: “Vivíamos cerca de la Iglesia de Santa Brígida. Mucha gente venía para abajo para acabar con la Iglesia y la mujer del Juez de Álora le dijo a mi madre que metiera los santos en la casa y mi madre le dijo que no con lo que venía para abajo (…) Cuando llegaron éstos unos aquí y otros tres años por ahí. Vienen por mi hermano a Álora, interrogan a la niña Salud, que estuvo dos años llamándose María. Y mi madre, como no había querido guardar los santos la señora del Juez la denunció y estuvo presa nueve meses”.

Otras que dieron con quienes más bien hicieron caso de la orden que pretendía el regreso a casa y la rápida normalización tuvieron la suerte de su parte, al menos en los primeros momentos. De todas formas, haber huido situaba a las familias en una situación sospechosa de la que no pocos tuvieron que responder.

Inmaculada Montes

https://malaga1937.es/

Enamorada de Málaga. Periodista por la Universidad de Málaga. Redactora digital para diferentes medios y revistas. Me encanta el arte, la cultura y el cine. Escribo sobre actualidad y noticias de último hora. Te mantenemos al día.

Noticias relacionadas