Mujeres de guerrilleros y desertores en la Guerra Civil Española

 Mujeres de guerrilleros y desertores en la Guerra Civil Española

Detener incluso encarcelar a los familiares de los enemigos ha sido frecuente. Durante la guerra se normalizó esta práctica que tenía un doble efecto: por una parte, la persona responsable en el caso de enterarse de lo sucedido, se entregaba. Carmen Gómez, militante comunista de Málaga supo que su padre estaba preso por su culpa, y que éste perdió el juicio y murió, incapaz de soportar una situación tan inesperada, no sin recomendar que la hija no volviera.

Francisco González Cuevas, al ser ocupada Málaga huyó y se escondió. Sus hermanos estuvieron ocho días detenidos en el cuartelillo de la guardia civil del barrio de Huelin y su madre y hermana fueron rapadas y detenidas para interrogarlas.

Debió ser frecuente. Se da el caso que José Gallardo Moreno, que había sido Secretario General de la UGT en Málaga, concejal del PCE en 1936 no estaba en Málaga por lo que detuvieron a su mujer, que nunca había mostrado compromiso político alguno. Cuando tuvo conocimiento de lo ocurrido José regresó a Málaga, siendo rápidamente detenido y ejecutado el día 4 de enero de 1940. Otro caso similar es el del que fuera presidente del comité de Almogía, que pudo huir, quedando aquí el resto de su familia: Mi padre era Juan Carrera Domínguez y mi madre Francisca Luque Muñoz. La pelaron al poco tiempo de matar a mi padre. No se, no recuerdo la fecha pero fue hacia el año 38… Ya ves mi padre se fue, se libró pero cogieron a mi madre y a mi hermano y ya fueron diciendo: A tu mujer y a tu hijo se los llevan y ya se presentó él y ya lo ejecutaron.

Fue frecuentísimo en el caso de huidos en la sierra y de guerrilleros. No solo sus familias sino los vecinos de la zona, los leñadores, vendedores ambulantes, recoveros se convertían en el blanco de los interrogatorios de la guardia civil. Eran muy vigilados a sabiendas de que se les podían acercar. Laura Jiménez recuerda que estando su padre en la sierra, cuando su madre murió, un grupo numeroso de la guardia civil se apostaba alrededor de su casa.

He aquí varios casos en la comarca del Guadalhorce y de la Axarquía. En Venta Quemada, perteneciente a Cártama eran detenidos Francisco Cueto Ruiz y Antonia Rodríguez Jiménez, porque habían dado comida a Juan Cantarero Ballestero (a) Juanillo el Loco, que había logrado llegar a la sierra de Granada, donde fue detenido.

Juana Almellones Rodríguez, conocida como Zalamera, tenía 37 años, estaba casada con Juan Ballestero s Cantarero que, condenado a muerte, se hallaba huido en la sierra. Se convirtió en sospechosa porque se le había visto recogiendo leña y porque al quedarse sola era ella la que se dedicaba al pastoreo con las cabras. Llevada al arresto de Casarabonela se le incautaron los 23 animales que pertenecían al matrimonio.

En el atestado que hizo la guardia civil de Benamargosa, se oculta hasta el nombre de la detenida, de 34 años que vivía en la calle Solana porque mandaba a su niño pequeño con comida y algunos víveres al campo para que su marido, Antonio Hijano Nieto, uno de tantos huidos que vivían en los alrededores de aquellos pueblos, pudiera resistir.

Lógicamente los familiares más directos procuraron comida e información a los que estaban huidos a veces, más cerca de lo que la guardia civil suponía. Más aún, algunas mujeres sufrieron cárcel y una vida llena de miedos y clandestinidad si tenían a sus maridos en las propias casas. Conocido es el caso difundido por Ronald Fraser del alcalde de Mijas y el de otros topos. María González Anaya, la compañera de Francisco Cuevas, escondido durante 18 años en una casa del barrio de Huelin. Su madre fue detenida y ambas, madre y hermana hacían filigranas para que con la cartilla de racionamiento de ambas pudiera comer Francisco. En febrero de 1937, recién ocupada Málaga, José y Miguel estuvieron ocho días en el cuartel de la guardia civil del barrio de Huelin porque su hermano Francisco se había ido. Como no aparecía se llevaron a su madre y a su hermana, que estaba casada y estaba en estado y trabajaba en la fábrica de Tabacos, al cuartel de la Alameda de Colón.

Frecuentísimas fueron las detenciones de familiares de desertores. No solo los que habían huido y no se presentaron al llamamiento a filas de su reemplazo sino aquellos que se estando enrolados en el ejército franquista se pasaron a la zona republicana fueron puestos en busca y captura por las autoridades militares, que los reclamaban a través de los medios que a su alcance tenían los gobernadores civiles. Éstos, movilizaron efectivos de la Guardia Civil que desde sus puestos en los pueblos y en la capital malagueña buscaban a los desertores, muchos de los cuales fueron localizados, dándose el caso que algunos, cuya vida se desarrollaba en el campo y particularmente algunos pastores dijeron desconocer su situación y su compromiso con la convocatoria a filas. La mayoría, efectivamente, estaban en zona republicana y no supieron sino hasta el final de la guerra que sus familiares habían sufrido las consecuencias de su actitud, de forma que era presión sobre los desertores, pero, sobre todo, era un afán de ejemplaridad: en las zonas ocupadas por los franquistas había que estar atentos a las llamadas al servicio militar; además, quedaba patente quien detentaba el poder y cómo su implacable justicia podía recaer en función del parentesco.

La orden de detención emanaba del Excelentísimo Señor General Jefe del Ejército del Sur, que llegaba por telegrama postal y, de esta forma, los familiares pasaban a disposición del delegado de Orden Público. En algunos casos tenemos detenciones de madres y hermanas de desertores, frecuencia que puede ser explicada al estar igualmente en zona republicana los padres de los desertores.

Se detenía a dos familiares de primer grado, preferente padre y madre. Si el padre había muerto o estaba huido o preso, la madre y hermana. De esta manera se completaba el castigo, que alcanzaba a todos los miembros de la familia porque los hombres en zona roja y las mujeres detenidas añadían gravedad a la situación de los niños, que quedaban en absoluto desamparo. No importaba si se trataba de ancianos, de jóvenes solteras, que estaban solas. A veces la sanción afectaba a madres adoptivas y en algunos casos llegan a ser detenidas tres personas por desertor.

Fueron detenidos familiares de Málaga capital y de pueblos de todas las comarcas de la provincia. La documentación nos permite afirmar que Queipo de Llano mandaba detener a familiares de desertores de una misma unidad militar ya que se constata el batallón y la división a la que pertenece el soldado en fuga, que afectaba a los de un mismo pueblo. Así, el 15 de marzo de 1938 era detenido un grupo compuesto por las familias enteras –padres y madres-, de tres desertores y otros tantos padres en Almogía, que es un pequeño y mal comunicado pueblo cercano a la capital45. En otros pueblos como Campillos, Comares, Guaro, Cártama, Álora, Carratraca, Alozaina, El Burgo, Casarabonela, Estepona o Iznate tuvieron lugar detenciones frecuentes.

En Campillos, el 16 de marzo de 1938 fueron detenidas seis personas, familiares de tres soldados. Los padres de uno, y las madres y hermanas de los otros dos. Los padres de Guillermo Morgado Bermudo eran ancianos, pues Carmen Bermudo Valle tenía 74 años y Benito Morgado Gallardo, 80.

Muchas de estas personas detenidas por causa indirecta vieron comprometida su situación cuando se les empezó a averiguar su pasado político o a rastrear en sus comportamientos pasados. Si comentó, si dijo, si fue a una manifestación, de manera que algunas tuvieron que sufrir Consejos de Guerra además de estar a disposición del Delegado de Orden Público. En todo caso estaba claro el estigma de ser familia de preso.

Inmaculada Montes

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Enamorada de Málaga. Periodista por la Universidad de Málaga. Redactora digital para diferentes medios y revistas. Me encanta el arte, la cultura y el cine. Escribo sobre actualidad y noticias de último hora. Te mantenemos al día.

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