Mujeres en el franquismo: Mujer de preso, mujer de luto

 Mujeres en el franquismo: Mujer de preso, mujer de luto

Mujeres con cestos de comida camino de la cárcel o simplemente de visita formaba parte del paisaje de las localidades ocupadas. La lealtad de la mayoría de las mujeres hacia sus compañeros, padres o hijos quedaba patente con la visita a la cárcel cuando ésta se permitía. Muchas hacía el viaje diario porque sabían que cualquier día podía ser el último que los vieran y mantenían la esperanza de que el petate no estuviera en la puerta, señal inequívoca de que habían sido fusilados o trasladados de prisión. Las que tenían a detenidos en la prisión provincial y venían desde pueblos lejanos tomaban el tren o el autobús una vez por semana; otras que vivían en casas de campo y carecían de medios andaba un largo camino de ida y vuelta a diario. A las que tenían la prisión cerca se les permitía llevar hasta el desayuno, que se ahorraba la institución carcelaria.

Numerosos testimonios aluden al café que se les llevaba a las personas detenidas, tanto por la mañana como por la noche. En otros casos las visitas eran a diario y para realizarlas las mujeres se desplazaban muchos kilómetros y a pie. Cristóbal Escalona recuerda el caso de una anciana de su pueblo: “Una mujer de Torremolinos iba todos los días andando a la prisión de Málaga, donde estaban presos sus tres hijos, los veía por el locutorio y les llevaba lo que podía. Era mayor e iba andando porque no tenía medios para irse en el autobús. Llega allí y se encuentra con el petate de ellos, que los habían fusilado. Rafael, Salvador y Gregorio Delgado. Esa mujer se fue al cementerio, al batatar, se los encontró que aún no los habían metido en la fosa general. Cogió las zamarras, las correas de los tres llenas de sangre, se las metió en el pecho, se vino andando, se encerró en un cuarto. No consintió aquella mujer ni tomar un buche de agua. Se murió …”. Otro caso es recordado por José Yuste, en este caso, de pequeño con su madre, recorrían una distancia aproximada de 12 kilómetros para ir desde Benamargosa a Vélez Málaga andando para visitar a su padre en la cárcel. Otra mujer que hacía el mismo recorrido se encontró un día con el fusilamiento de su hijo en el cementerio.

Sobre la situación de las cárceles tenemos los testimonios más esclarecedores. Los arrestos municipales y las cárceles de los pueblos cabeza de partido se llenaron y continuos traslados trataban de aliviar la situación de los más saturados, inseguros o afectados por cualquier causa. Si la directora General de prisiones republicana Victoria Kent había intentado eliminar estos lugares inadecuados donde las autoridades del pueblo podían actuar por su cuenta. Ahora eran imprescindibles para hacer frente al cúmulo de detenciones propias del momento de la ocupación, el final de la guerra o la imposición de un rígido sistema de racionamiento que ponía al margen de la ley a un sector amplio de la población.

A menudo se trataba de lugares pequeños, mal acondicionados, donde se separaron dos zonas separadas para hombres y mujeres y a menudo vigilados con menos medios que mano dura. Sin embargo, la cercanía de los vecinos proporcionaba comida y alguna ropa así como visitas constantes de los hijos que merodeaban, incluso jugaban cerca de dichos lugares.

En algunos pueblos el arresto municipal se saturaba y los comandantes de puesto de la guardia civil se cansaban de solicitar el traslado de grupos que les permitieran una vigilancia eficaz, más cuando corría el rumor de que había guerrilleros que podían atacar algún arresto donde había personas que tenían comprometida no solo su libertad sino también su vida. El comandante de la guardia civil de Alfarnate se quejaba de que con un sargento y tres guardias tenía que vigilar a los 33 personas de las que 11 estaban condenadas a muerte. De esta forma no podía atender la vigilancia del campo, que tenía encargada. Quejas similares llegaron desde Periana, donde había 23 presos para un lugar muy pequeño. Desde Benaoján era llevada a Ronda Francisca Sierra Gago el 14 de enero de 1938 pues llevaba dos meses por haberse pasado a las filas rojas un hijo que tenía prestando servicio militar.

También sabemos que en el arresto de Casarabonela la situación era insostenible. El Juez Militar en Alora que era cabeza de la comarca del Guadalhorce había trabajado sin descanso. Enviaba relación de más de cien personas condenadas en virtud de sentencia firme y decía que se habían tenido que habilitar locales diversos que no reunían condiciones temiendo puedan evadirse algunos de los condenados que, como Mariana Gómez Trujillo tenían la condena de reclusión perpetua34, y no fueron infrecuentes las condenas a mujeres de seis años y un día y de doce años y un día respectivamente. Pero no era mejor en la capital. Francisca Ruiz del Rio fue trasladada desde Casarabonela a Málaga a la Audiencia Provincial a asistir cono testigo a un juicio y fue reintegrada a su original destino el 7 de marzo de 1938 35. Listas de presos y presas eran llevadas a Málaga para asistir a los Consejos de Guerra continuamente. El 18 de marzo de 1938 eran llevadas desde Coin a la prisión provincial Agustina Guzmán Otero y Fuensanta Urbaneja Macías junto a otro hombre a tal fin, como ya había sido el caso de Rosa y Francisca Lares García Fuensanta Hevilla Solís y Josefa Moyano Gómez y unos días después fue el turno de un numeroso grupo de Casabermeja en el que iban Enriqueta Alcoholado Benítez y Pilar Vallejo Romero. En esos días eran trasladadas desde Cártama: Carmen Rosalía Roldán Campana, Antonia Martín García, Ana García Ruíz y María Meléndez Rosado requeridas por el Juzgado Militar nº 4 de Málaga; desde Casarabonela llegaba Rosario Almellones Sánchez y desde Alozaina Remedios Sánchez Sánchez. Desde Yunquera y Casarabonela eran llevadas a Alora Isabel Moreno Ruiz, Josefa Gómez Doña rosario Reyes Cordón, Remedios Jiménez Gómez, María Salas García, Francisca Ruiz del Rio y Juana del Rio Trujillo, también en enero de 1938 36. Peor aún era el destino de otras como Soledad González Romero que estaba en la cárcel de Vélez. El auditor Feliciano Laveron solicitaba el día 10 de febrero de 1938 su traslado a Málaga porque tres días después tenía que ser ejecutada mediante garrote vil tres días después.

Un grupo de presos y presas fue trasladado de Campillos a Málaga por error y urgentemente volvieron a dicho pueblo donde el juez militar los requería para celebrar el correspondiente Consejo de guerra y particularmente frecuentes fueron los traslados de diferentes pueblos de la comarca del Guadalhorce a Alora como Alozaina, Carratraca o Cártama.

Desde Marbella a Estepona para comparecer ante consejo de guerra que había de celebrarse el 7 de abril de 1938 eran trasladadas trece personas, entre ellas María Romero Martín y Manuela Giralda Romero. También estuvieron los caminos de la Axarquía frecuentemente recorridos por grupos de iban a Vélez Málaga desde Nerja y, posteriormente a Málaga como fue la experiencia de muchas mujeres: Ana Martín Román, Carmen Román Martín, María Musarda Algarra, Dolores Gómez Ruíz, Visitación Rodríguez Rodríguez, Antonio Alvarez Gálvez, Angeles Zorrilla Muñoz, Carmen Navas Iranzo, Dolores Iranzo Navas, Concepción Guardia Martín, Ana Sánchez Barranco o Carmen Rodríguez Guerrero.

Inmaculada Montes

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Enamorada de Málaga. Periodista por la Universidad de Málaga. Redactora digital para diferentes medios y revistas. Me encanta el arte, la cultura y el cine. Escribo sobre actualidad y noticias de último hora. Te mantenemos al día.

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