Guerra Civil Española. El 18 de Julio en Málaga

 Guerra Civil Española. El 18 de Julio en Málaga

El 18 de julio por la mañana la radio ya ha retransmitido la noticia: El Ejército de Marruecos se ha sublevado contra el Frente Popular. Málaga entera se moviliza.

Los militares comprometidos se dirigen al Gobierno Militar para declarar, firmado reglamentariamente por el general gobernador, el estado de guerra. Sin embargo, durante la mañana se debate la conveniencia o no de declararlo inmediatamente. El general Patxot vacila, en circunstancias que hubiesen requerido gran rapidez y, sobre todo, claridad y energía. Los más comprometidos, Hernando, Huelin, Segalerva, proponen hacerlo urgentemente, para, utilizando el factor sorpresa, impedir la organización del Frente Popular y unir, por la firmeza de la decisión, a las fuerzas de Asalto y Carabineros. El comandante ayudante se pronuncia por que el bando de guerra se leyese esa noche, para que Málaga amaneciese bajo las leyes militares y a su vez poder contar con los oficiales que faltaban y que no se hallaban presentes. El general de la plaza era el menos resuelto a la proclamación, pues, entre otras razones, conocía la fuer za obrera en Málaga y temía una fuerte reacción del pueblo contra los militares, de quienes representaba la más alta responsabilidad. Algunos autores señalan que tenía en la cabeza el fracaso de Sanjurjo y que carecía, por este precedente, de la confianza suficiente.

Mientras tanto, Queipo había llamado por teléfono comunicando su incorporación a la jefatura de la Di visión y ordenaba la proclamación del estado de guerra. Reglamentariamente el general convocó a los jefes de los cuerpos armados de Málaga para dar cuenta de la orden mencionada y así lo hizo saber al coronel Ferrer, del Regimiento de Infantería; al coronel de la Guardia Civil, Gómez Carrión; al teniente coronel de Carabineros, Carlos Florán, y al capitán Navarro, de Asalto, oficial de mayor antigüedad.

Siguiendo las directrices emanadas de Mola, se pro cede a nombrar a los cargos que se harían cargo del poder civil, recayendo éstos en el comandante Re viso Pérez —jefe de la Caja de Reclutas—, como gobernador civil, y en el comandante de Infantería, Méndez García, para alcalde de Málaga.

La postura de Huelin y Hernando había triunfado. Creían que los oficiales que no se habían incorpora do, no lo harían y que no cabía esperar apoyo de los guardias de Asalto y sus oficiales que estaban claramente con el Frente Popular.

Amador, que servía de enlace con los civiles, estuvo por la mañana reunido con falangistas y Juventudes de Acción Popular y otras personas comprometidas, para señalarles las posiciones que habrían de ocupar a partir de las dos de la tarde.

A las tres de la tarde, en Capuchinos, se habló por algunos oficiales de encerrar a determinados sargentos, sospechosos de estar en contra del alzamiento. No se hizo. A las cinco de la tarde, llegó a Capuchinos el capitán Hernando, jefe de Estado Mayor, en auto, ordenando la salida de las tropas. El capitán de cuartel, que era Huelin ese día, empezó a preparar una compañía (la 3.a del 1.°). Aquella orden era desconocida en su procedencia y a pesar de lo que cuentan muchos autores, parece ser que al exhortarles Huelin en el Cuarto de Banderas, algunos oficiales manifestaron su decisión de no salir. Sería ante esta falta de oficiales y por su mayor compromiso, por lo que Huelin llamó por teléfono al teniente Ramos Díaz de Vila y al teniente Fajardo, que se hallaban de permiso. Sobre las cinco y media de la tarde, en la misma compañía, se formó a la tropa y dijo Huelin: «Por orden de la superioridad, vamos a proclamar en Málaga el estado de guerra. ¡Viva España! ¡Viva la Re pública!» Dijo a continuación: «Ya sabéis que tenéis en mí a un capitán. Preciso tener confianza en ustedes. Portarse como patriotas.»

Las tropas existentes en Málaga eran muy exiguas, por los permisos que el Gobierno había concedido, para tener más debilitado al Ejército; según Arraras, el Regimiento de Infantería tenía unos 300 soldados; otros tantos la Guardia Civil; 400 los de Asalto (con morteros, ametralladoras y gases lacrimógenos) y poco más de una compañía de Carabineros. La 3.a del 1.°, con la que contaba Huelin, tenía unos 75 hombres, entre ellos de 15 a 20 cuotas, añadidos para mayor garantía de la compañía. Por ausencia de ofi cales, se puso al frente al teniente Segalerva y al alférez Fajardo.

Huelin mandó bajar al patio a la compañía y la pertrechó; el teniente coronel Bello, por ausencia del coronel, que se hallaba en el Campamento Benítez, exhortó a la tropa. A la compañía se le agregó la banda de música que, tocando la marcha de «Los Voluntarios», salió a la calle a las seis de la tarde.

En el barrio obrero de Capuchinos se aplaudió a la tropa y se vitoreó a la República y al Frente Popular, pues la creencia general era que marchaban hacia el puerto para embarcar hacia Marruecos a cortar la sublevación. En la Cruz del Molino y Puente de Santo Domingo, comienzan los primeros disturbios al ver el pueblo que la tropa la mandaba Hueiin, y éste hubo de sacar la pistola. En la Riojana y Puente de Santo Domingo no se encontraban los falangistas, que habían de sostener la posible avalancha de la Casa del Pueblo, situada enfrente. El recorrido seguido fue: Capuchinos, Cruz de Molinillo, Plaza Arrio la, Alameda, Trinidad Grund y Casas de Campos, donde se hallaba la Comandancia Militar.

Desde la salida, la tropa causó gran extrañeza, ya que no llevaba ni gastadores ni la bandera del regimiento. Al pasar frente al periódico «El Popular», nos cuenta éste: «Se produjo entre los numerosos elementos republicanos que había en nuestra redacción gran extrañeza; extrañeza que era aún mayor cuan do antes habíamos logrado comunicar telefónicamente con nuestra agencia en Madrid, que nos daba cuenta del levantamiento militar, a la vez que afirmaba que toda declaración del estado de guerra en la península, era faccioso.»

A las preguntas que le hacía el público a los soldados, éstos sólo contestaron: «Que iban a declarar el estado de guerra por orden del Gobierno.»

Llegado Huelin a la Comandancia Militar, permaneció dentro varios minutos, hasta salir acompañado del comandante Delgado, que llevaba el bando de guerra. Se procede a su lectura. Desde allí, se dirigen al Gobierno Civil.

Inmaculada Montes

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Enamorada de Málaga. Periodista por la Universidad de Málaga. Redactora digital para diferentes medios y revistas. Me encanta el arte, la cultura y el cine. Escribo sobre actualidad y noticias de último hora. Te mantenemos al día.

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