Castigos específicos de mujeres en el franquismo

 Castigos específicos de mujeres en el franquismo

Muchas mujeres sufrieron un castigo ejemplar: fueron rapadas. Aún quienes entonces eran niños recuerdan con horror aquellos momentos de gran significado. Cuando las mujeres eran detenidas se les pelaba a algunas les golpeaban pero rapadas y paseadas para burla de los vecinos de los pueblos y como distintivo para diferenciarlas del resto de la población, en la mayoría de los casos era un castigo en sí mismo y no tenía que estar asociado al cumplimiento de pena.

Más bien significaba una amenaza desde el poder que ponía en posición de humillación a quien tenía que temer. Fabrice Virgili ha estudiado el fenómeno en Francia, donde fueron rapadas casi 20.000 mujeres acusadas de colaborar con los alemanes.

Lo considera un acto de violencia entre semejantes que se desarrolla muy a menudo en el estrecho tejido de la comunidad rural o urbana, una violencia de proximidad cuyos protagonistas se reconocen y de lo que todos conservan su memoria, el “quién es quién” mucho después de los acontecimientos Aún hoy, como Remedios Yuste, se habla en voz baja cuando se refieren a la vecina que fue “rapada como una bombilla”.

Se repetían los hechos. Juan Carrera Luque había sido del comité de Almogía y fue uno de tantos que corrieron por la carretera de Almería pero que se volvieron desde Motril seguros de que nadas les pasaría por no tener delito de sangre. A la vuelta se escondió pero detuvieron a la mujer y a su hijo, por lo que se presentó y lo ejecutaron.

Para mantener el terror continuó el acoso hacia la mujer Francisca Luque Muñoz: “Estábamos en casa de una tía en Almogía, en los Mora y llegó el barbero con una pareja de civiles. A mi madre la pelaron y a otra de allí. Yo lloraba. Yo no sabía qué hacer y no me quedó sino llorar. Me metieron con el mosquetón en el costado y me dejaron para un mes listo. Dijeron: “Señora venga usted. La sentaron y la pelaron. Ella con el susto y el miedo se lió a llorar.

Fue el barbero. Cuando la pelaron le dieron ¼ de aceite de ricino y le dijeron: Toma, para que te crezca el pelo! Y Ella empezó a gritar: ¡Ay, pegadme un tiro!. Hasta intentó suicidarse y si no lo hizo fue porque mi tía estaba pendiente de ella. Luego venían los falange y se llevaban las cosas, que si las gallinas, o lo que fuera”.

Dolores es una mujer que aprendió a escribir para explicar su historia, y la fechó en 1988. Después de correr por la carretera de Almería, y quedarse a la altura del rio de la Miel, un hermano es llamado a la guerra pero otro huye a zona roja y semanas después escribe desde Berja (Granada).

Recuerda a los falangistas llevándose a su madre y hermana junto a otras mujeres y las hacía salir a la calle sin cubrirse: “ Mi madre llegó llorando a la casa si tenía que llorar, se metía en la cama y estaba en la cama(…) No pertenecía a ningún partido, sino que pertenecía a la familia de los Centuriones”.

Unos días la obligaron a que llevara un cubo y trapos para limpiar el cementerio; otro día, la Iglesia, el paseo, un local abandonado y finalmente las encerraron en el cuartel viejo. Este caso es el de un continuo acoso que llevó a la familia a esconderse en cuevas, en casas del campo en huecos hechos en la calera de Nerja (Málaga). Obligar a las mujeres a limpiar está documentado en muchos pueblos.

Contamos con algunos datos que demuestran cómo en los conventos de monjas fueron retenidas algunas adolescentes, dependientes de las autoridades. Conocemos correspondencia entre las superioras de los conventos y el Gobernador civil sobre traslados a hospitales o entre provincias. Se trataba de niñas a las que se consideraba en peligro de corrupción por su edad y por el medio en que vivían.

También dan cuenta de un continuo traslado desde la prisión provincial y organismos dependientes del Tribunal Tutelar de Menores que demuestra cómo hubo detenido niños y niñas desde los 14 años. Por el testimonio personal de Luisa Huete sabemos acerca de la detención, encarcelamiento y vida de estas jóvenes en prisión.

Ni la juventud ni la ancianidad fueron atenuantes para que se les considerara peligrosas y sufrieran los rigores de la represión y lo mismo en las fichas de la cárcel que en las órdenes de sepelio del Ayuntamiento para los enterramientos se pueden ver jóvenes de 18 años ejecutadas y ancianas de 82 acusadas de rebelión militar.

No es de extrañar que Rafael Sánchez Bermúdez estuviera preocupado por el destino de su hija de 18 años y escribiera una carta de clemencia al Gobernador Civil. Catalina Sánchez Bravo estaba a disposición de los Tribunales Militares y se le respondía la gravedad de las acusaciones, que un simple cálculo los sitúa cuando Catalina apenas había cumplido los 16 años: “…Se le acusa de haber pertenecido al PC, ir vestida de miliciana con correaje y pistola durante la etapa roja, llevar coronas a los entierros marxistas, dedicándose a ver cadáveres de personas de derechas (…) de manifestarse de ideas izquierdistas, de llevar la bandera de la FAI en manifestaciones de ser inductora del asesinato de los hermanos Paris…”.

Antonio Fernández era hijo de un socialista del ramo de jardineros de la UGT y vivían en la residencia de Cayetano Bolívar, el diputado comunista por Málaga. De las JSU fue su guardaespaldas y cuando terminó la guerra el peso de la ley recayó sobre ellos pero también sobre las mujeres de la familia: “A mi madre la cogieron los falangistas porque mi madre se dedicó a vender jabón por la calle.

La detuvieron por ser madre mía, de mi hermano y por mi padre, porque mi madre nunca se metió en nada. A mi madre y a mi hermana las pelaron y les dieron aceite de ricino. Las detuvo la Falange en el puente ese que hay a la salida del Palo, le tiraron la cesta y le estropearon toda la mercancía (…) Les dijeron hijas de puta, de todo..”.

El gobernador civil de Granada pedía información sobre el paradero de una sirvienta de la que solamente sabía que se llamaba Encarnación González Puertas de 31 años y algunos datos físicos porque su hermana pequeña María estaba con las Adoratrices, pero la superiora decía no contar con medios para sostenerla .

Por otra parte, la superiora de las Adoratrices de Málaga comunicaba que la menor en su convento retenida, Rosario Beltrán Muñoz debía ser trasladada al hospital29 El director del hospital no sabía donde enviarla una vez curada y consideró que el lugar ideal era San Carlos, conocido como “Las Bravas”, a fin de que sea vigilada convenientemente pues se trata de una menor de 14 años que ha emprendido una vida de corrupción y prostitución descarada de la que no muestra el menor deseo de apartarse y es conveniente su reclusión en un lugar de templanza.

Inmaculada Montes

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Enamorada de Málaga. Periodista por la Universidad de Málaga. Redactora digital para diferentes medios y revistas. Me encanta el arte, la cultura y el cine. Escribo sobre actualidad y noticias de último hora. Te mantenemos al día.

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