¿Por qué los españoles viven todos en pisos?

 ¿Por qué los españoles viven todos en pisos?

LEAL

Otro aspecto más tangible, es el carácter español, si es que realmente existe. Frente al individualismo de los habitantes de otros países, para los que la posibilidad de llevar una vida privada es importante, se supone que somos más sociables, apreciamos el bullicio de los barrios en los que vivimos y no nos importa compartir colmena con otras familias. Al menos, hasta ahora, cuando algunos hemos empezado a sentirnos como toros encadenados.

Los más optimistas dicen que el cierre del coronavirus nos ha ayudado a conocernos mejor. Está por ver si es así, pero lo que sí parece claro es que, después de estar obligados a permanecer dentro de nuestras casas durante tanto tiempo, hemos llegado a conocer nuestro alojamiento hasta el más mínimo detalle.

Puede que nuestras casas se hayan convertido en fortalezas contra la pandemia, pero también empezaron a sentirse un poco como jaulas. Y mientras nos paseábamos de una pared a otra, mientras trabajábamos desde casa con vistas a la lavandería del vecino y soñábamos con espacios abiertos, aprendimos mucho sobre los hogares de otras personas: vimos vídeos de cómo la gente se enfrentaba al encierro en diferentes países y pudimos ver cómo muchos de ellos tenían jardines y patios, espacios ideales para hacer ejercicio y para que los niños se desahogaran. También pudimos ver los hermosos jardines verdes y soleados que servían de telón de fondo a las personas más ricas de España.

La pandemia nos ha hecho más conscientes de que hay algo inusual en nuestra forma de vivir: España es una nación de apartamentos, porque hay muchos más que cualquier otro tipo de vivienda.

Desde hace años las cifras nos señalan como el país europeo con mayor proporción de apartamentos, aunque en las últimas estadísticas de Eurostat nuestro tradicional compañero en la cima de esta tabla, Letonia, se ha adelantado ligeramente. El 66% de los letones y casi el 65% de los españoles viven en apartamentos. El tercer país de la lista es Suiza, con un 62%, mientras que la media europea ronda el 46%.

En muchos países, la gran mayoría de la población vive en casas: en Irlanda, por ejemplo, sólo el 8% vive en un apartamento. En el Reino Unido (que tiene 20 millones de habitantes más que España y es la mitad de grande), la cifra ronda el 14%, y en países como Holanda, Bélgica, Croacia y Noruega no llega al 25%.

¿Por qué vivimos así? ¿Qué nos ha llevado a ser un país de comunidades de vecinos, con un perfil más parecido al de las repúblicas bálticas que al de la vecina Francia, donde la proporción de habitantes de apartamentos es del 34%, o incluso al de Portugal, con un 45%?

«Podríamos hablar de varios factores. En primer lugar, el uso del suelo y de los recursos. La construcción en España se ha inclinado tradicionalmente hacia la edificación en altura. Eso significa que hay menos oferta de viviendas, por lo que son más caras. El segundo factor es que se trata de un producto residencial que exige un mayor esfuerzo económico. Por último, está la variable de la densidad de población. La gente se tiene que concentrar en los pueblos y ciudades, por lo que la construcción horizontal no sería lógica ni rentable», dice Ferran Font, director de Estudios del portal inmobiliario online Pisos.com.

Los especialistas en historia del urbanismo aseguran que esta peculiaridad tiene su origen en el éxodo rural de los años 50 y 60. España se caracteriza por un desarrollo industrial tardío e intensivo, que provocó una emigración masiva del campo a las ciudades: a principios del siglo XX, la población urbana representaba el 32% del total, mientras que en 1960 había aumentado hasta el 57% y en 1980 superaba el 70%, una cifra especialmente elevada.

Millones de personas abandonaron sus casas de pueblo y se trasladaron a las ciudades. El régimen franquista decidió alojar a esta enorme cantidad de mano de obra en bloques de apartamentos, cuya construcción era rápida y barata: costaba menos meter a 30 familias en un solo edificio alto que distribuirlas en 30 casas.

Era una época en la que existían «estrategias para minimizar el coste de la urbanización y la construcción, presiones para maximizar el aspecto lucrativo del espacio disponible y una especulación abusiva», como ha descrito un estudio. Las casas fueron perdiendo importancia en el conjunto de España: en los años 70 pasaron del 57% del total al 36%, mientras se creaban barrios verticales como el de Otxarkoaga en Bilbao y Badia del Valles, que formaba parte de Barcelona pero ahora es un municipio por derecho propio. Para la mayoría de los españoles, poseer un chalet era algo soñado, el máximo signo de estatus.

No hay coche

Los sociólogos señalan un par de factores más. Uno tiene que ver con la movilidad: los españoles de clase trabajadora no solían tener coches, por lo que era más práctico aglomerarlos cerca de los centros de producción. Por supuesto, el número de coches en aquella época no se parecía en nada a los 24 millones actuales: en 1960 sólo había 290.000, y en 1970, 2,3 millones.

Otro aspecto más tangible, es el carácter español, si es que realmente existe. Frente al individualismo de los habitantes de otros países, para los que la posibilidad de vivir una vida privada es importante, se supone que somos más sociables, apreciamos el bullicio de los barrios en los que vivimos y no nos importa compartir colmena con otras familias. Al menos, hasta ahora, cuando algunos hemos empezado a sentirnos como toros encadenados.

Inmaculada Montes

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Enamorada de Málaga. Periodista por la Universidad de Málaga. Redactora digital para diferentes medios y revistas. Me encanta el arte, la cultura y el cine. Escribo sobre actualidad y noticias de último hora. Te mantenemos al día.

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