El artista japonés que se convirtió en un «perote

 El artista japonés que se convirtió en un «perote

El pintor Shinji Nagawana nació en la cuarta ciudad de Japón, pero visitó España y comenzó una nueva vida en Álora, donde vive desde hace más de treinta años

Shinji Naganawa nació en 1949 en Nagoya, la cuarta ciudad más grande de Japón, con 2,2 millones de habitantes. A los 25 años decidió viajar por Europa para obtener nuevas experiencias y encontrar su lugar en el mundo. Ese lugar resultó ser Álora, una pequeña ciudad de 13.000 habitantes que le dio un hogar y una familia.

«Me siento más ‘perote’ [the name by which people of Álora are known] que japonés», dice Naganawa, que lleva pintando desde que era un niño.

Su casa, situada en el centro del pueblo, tiene un estudio luminoso en la planta superior, donde habla con nosotros entre libros, cuadros y bocetos para sus obras de gran colorido.

La aventura de Naganawa en Europa comenzó a finales de la década de 1970. El artista, que empezó a pintar a los 13 años, siguiendo los pasos de su padre, había ahorrado dinero durante toda su adolescencia para poder ir a explorar el mundo.

Su primera parada fue París, donde pasó casi dos años empapándose de la cultura francesa.

«Después no pude soportar más el frío y decidí que era hora de seguir adelante», dice.

Fue entonces cuando se fue a Madrid, en 1981. Tras varias semanas allí, el artista japonés bajó a Andalucía para visitar sus principales ciudades, entre ellas Málaga.

«Mientras estaba en Málaga, un amigo japonés me dijo que tenía una casa en Álora y me dijo que podía ir a quedarme allí», cuenta Naganawa, que por aquel entonces no hablaba nada de español.

«Sólo sabía hablar francés. Cuando compré mi billete para Álora fue muy difícil explicar a dónde quería ir, porque al principio no me entendían», bromea.

Cuando se bajó del tren en Álora, estaba desconcertado.

«No veía ningún pueblo. No sabía dónde estaba. Entonces alguien señaló hacia arriba y me di cuenta de que allí estaba la ciudad. Me quedé asombrado; era precioso, un pueblo de casas blancas que parecía abrazarte como un cisne», dice.

Su amigo no le había dado una dirección exacta de la casa, sólo un método infalible para encontrarla.

«Me dijo que preguntara a la gente por ‘casa de Ise’ y ellos sabrían dónde tenía que ir», dice.

Tras preguntar por el pueblo encontró su destino, una casa vacía en la que podía alojarse durante su visita, que esperaba que fuera corta.

«Un vecino me dijo que traería sábanas y toallas al día siguiente, pero no apareció hasta dos o tres días después, y yo ya había comprado sábanas. Fue entonces cuando descubrí que cuando la gente dice ‘mañana’ no se refiere al día siguiente, sino que será algún día después», dice riendo.

De todas las diferencias culturales entre España y Japón, cree que la principal es que la vida aquí es menos restringida. «Es mucho más divertida y sencilla», dice.

La simpatía y la amabilidad de la gente local le cautivaron, y tras pasar unos meses en Álora decidió que era el momento de recoger las pertenencias que había dejado en Madrid y París y hacer del pueblo su hogar.

«Todos los días alguien me invitaba al bar a tomar algo. Una vez, un vecino me llevó a su casa, donde estaba parte de su familia». Y así fue como conoció a su mujer, Dolores Cortés, una artista flamenca local.

«No fue fácil casarse con ella, porque es de familia gitana y no estaba bien visto», dice.

Más de 30 años después siguen juntos y tienen dos hijos. Tras su matrimonio, se trasladaron a Nagoya, donde vivieron un año.

«Al final volvimos, porque era una forma de vida muy diferente y no pudimos adaptarnos a ella», dice Naganawa, que sigue viajando a Japón varias veces al año, pero siempre vuelve a su casa en Álora.

El paisaje le inspiró para crear nuevas obras de arte que ahora forman parte de su colección: calles y otras vistas de Álora, que ha llevado a numerosas galerías de arte con las que aún trabaja en Japón.

«Mi estilo ha ido evolucionando y ahora estoy probando nuevos retos, quiero hacer algo diferente», explica Naganawa, pero dice que su vida está firmemente ligada a Álora ahora. «Me quedaré aquí para siempre», dice.

Inmaculada Montes

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Enamorada de Málaga. Periodista por la Universidad de Málaga. Redactora digital para diferentes medios y revistas. Me encanta el arte, la cultura y el cine. Escribo sobre actualidad y noticias de último hora. Te mantenemos al día.

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