De chef a chocolatero; de Escocia a España

 De chef a chocolatero; de Escocia a España

Jennie Rhodes

Si el antojo de trufas de chocolate belga se ha visto exacerbado por no poder viajar al propio país para degustarlas, o si alguna vez se ha preguntado a qué sabrían combinaciones como caramelo de regaliz salado o amaretto, miel e higo, no tiene que buscar más allá de la Axarquía.

Sam Sloan es un chef escocés convertido en chocolatero que lleva 20 años viviendo en la zona y preparando sus creaciones desde su cocina, desde que vendió sus dos restaurantes en Nerja en 2013.

Sam, de 65 años y originario de Paisley, comenzó en el sector de la restauración en su país natal, antes de decidir que quería combinar la cocina con los viajes y comenzó a trabajar como chef en cruceros, un trabajo que le ha llevado por todo el mundo.

Fue en los barcos donde Sam descubrió su talento para crear increíbles combinaciones de sabores para los petits fours y, en particular, los chocolates.

«Empecé preparándolos para los buffets de medianoche y a partir de ahí empezó todo», revela.

El chef también ha trabajado «en tierra» en el Reino Unido, así como en Francia e Italia. Sin embargo, en 2001 llegó con su difunta esposa a Nerja, donde abrió dos restaurantes. Aquí elaboraba sus chocolates para servirlos con el café y venderlos a los clientes. Finalmente vendió ambos locales tras sufrir un infarto en 2013.

Un ritmo más lento

Poco después, Sam perdió trágicamente a su mujer por un cáncer y, aunque quería seguir trabajando tras un periodo de recuperación, sabía que necesitaba un ritmo de vida más lento.

«Trabajar en las cocinas es una presión muy alta», dice Sam, y explica por qué no es raro que los chefs sufran infartos, ataques de depresión e incluso contemplen o se suiciden.

«He aprendido a vivir sin estrés. He adoptado la actitud del ‘mañana’ ante la vida y no me preocupo por nada», dice Sam.

Decidió seguir haciendo sus populares chocolates desde su propia cocina y empezó a vender sus creaciones por Internet, principalmente al Reino Unido, pero también a lugares tan lejanos como Canadá y Japón. «Algunos japoneses probaron mis bombones mientras estaban de vacaciones aquí y ahora me los encargan dos veces al año».

Desde el Brexit, el mercado británico ha muerto, explica, en gran parte debido al impuesto de importación al que estaría sujeto el comprador si comprara chocolate de un país de la Unión Europea.

El chocolatero sigue vendiendo a otros países de la UE -entre ellos Bélgica y Suiza- «habla de carbones a Newcastle» se ríe Sam. También es un habitual de los mercados agrícolas y benéficos de Málaga, como los de Trapiche y Sotogrande.

Sam explica que sus creaciones no tienen aditivos ni azúcares añadidos, por lo que tienen una caducidad de unos seis meses.

Se abastece de chocolate crudo en Venezuela y se asegura de utilizar proveedores de comercio justo. Cada trufa se elabora con entre un 70% y un 82% de cacao, según la mezcla.

Muchos de los ingredientes que utiliza se cultivan localmente, o incluso en sus propios jardines o en los de sus amigos, como las frambuesas que entran en las trufas de frambuesa o los limones que entran en los chocolates de limón y lima.

Combinación de sabores

Sam dice de sus combinaciones: «Como un escritor sabe qué palabras van juntas, yo sé qué sabores casan. Soy chef desde 1969, así que sé lo que funciona bien».

Actualmente tiene 28 trufas diferentes, pero admite que siempre está experimentando con nuevas combinaciones.

El chocolatero señala que, como no fuma ni bebe alcohol, tiene una «paleta muy delicada» que le permite degustar realmente los distintos sabores.

Sam es un apasionado de la chocolatería y dice que ha investigado la historia del chocolate, que se remonta a los aztecas, y añade que todo lo que hace le gusta «conocerlo».

A esa pasión contribuye la «reacción instantánea» que recibe de la gente cuando prueba sus chocolates. Dice que es un trabajo que «garantiza la felicidad de la gente» y que le encanta ver las reacciones de las personas cuando prueban uno de sus chocolates.

«No hay nada mejor que ver cómo se le iluminan los ojos a alguien cuando prueba un chocolate que le gusta de verdad», dice.

Inmaculada Montes

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Enamorada de Málaga. Periodista por la Universidad de Málaga. Redactora digital para diferentes medios y revistas. Me encanta el arte, la cultura y el cine. Escribo sobre actualidad y noticias de último hora. Te mantenemos al día.

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