Guernica: masacre y arte

La historia del Guernica conocida también como Operación Rügen, constituye una de las masacres más rechazadas de la historia de la humanidad.

El 26 de abril de 1937, durante la Guerra Civil Española, Guernica, nombrada como capital cultural e histórica vasca fue víctima de la legión Cóndor Alemana y la Aviación Legionaria italiana, como saldo se calculan entre 120 y 300 los fallecidos en este bombardeo alfombra.

Como justificación de la agresión estuvo el objetivo de frenar la retirada de las fuerza del Frente Popular de la campaña de Vizcaya, pero el resultado fue solamente una masacre que quedó recogida en los anales de la historia como un hecho plenamente repudiable.

La connotación que tuvo en su momento se debió en gran medida a la enorme campaña propagandística que a su alrededor se gestó.

El bombardeo traspasó los años como un símbolo de los horrores de la guerra que magistralmente Pablo Picasso graficara en una de sus obras más famosas y reconocidas, cuya interpretación ha sustentado más de una polémica, pero su sentido y espíritu recoge el hecho aún repudiado.

Dibujado en óleo sobre lienzo con unas dimensiones de 3,50 metros por 7,80 metros, la pintura en sí no figura o recrea la masacre de Guernica, sino de alguna manera los horrores de la guerra.

Sobre él se dice que no es un cuadro plenamente narrativo sino completamente de un profundo sentido simbólico, en el que solo se usó el negro y el blanco entre una gama de amplios grises que denotan la tristeza, y estado de afrenta de los pueblos tras la guerra.

Esta no es la única obra que sobre este suceso español se ha hecho, el escritor Blas Otero y Gabriela Mistral escribieron poemas alegóricos al hecho.

Pero sin dudas el cuadro de Picasso es la más relevante pieza al respecto. Según explican los curadores y especialistas el cuadro está estructurado a manera de tríptico en el que aparece indistintamente un caballo agonizante, una mujer gritando, un hogar incendiado, un hijo muerto en los brazos de su madre y en el centro el cuerpo del valiente guerrero tendido y muerto.

 

Ya van más de cinco siglos de la conquista y colonización de América

Al matrimonio de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón España le debe la posesión de varios países de América durante más de dos siglos.

Luego de buscar patrocinadores por toda Europa, el genovés Cristóbal Colón encontró en los reyes católicos el apoyo que necesitaba para aventurarse a encontrar otro camino hacia Las Indias.

Con esta ruta embarcó la tripulación en las carabelas La Pinta, La Niña y La Santa María y se lanzó a la mar.

Por aquel entonces el gran miedo de los marinos era llegar al extremo de La Tierra, pues aún se consideraba plana, aunque ya para entonces Colón creía en la forma esférica del planeta, pero pensaba que era de menor tamaño, por eso creyó que se encontraría con Las Indias y no con una tierra desconocida.

Luego de una travesía incómoda, Rodrigo de Triana vio que se acercaban a tierra firme. Aunque se ha desmentido posteriormente esta anécdota de que fue Triana el primero en ver la tierra, así lo recogió la historia y trascendió.

El “descubrimiento”sucedió el 12 de octubre de 1492. Luego, el 5 de diciembre de 1492, la expedición arribó a la actual isla Santo Domingo, que Colón bautizó entonces como La Española.

Esta fue la primera colonia española en el Nuevo Mundo. Ya una vez instalados allí el dominio español se extendió por todo el continente.

Las desavenencias por los territorios desatadas con Portugal trajeron consigo que las tierras se dividieran. De esta forma convinieron en que todas las tierras ubicadas trescientas leguas al oeste de Cabo Verde corresponderían a Castilla y que al este estarían a merced de Portugal.

Los más destacados conquistadores de este periodo fueron Hernán Cortes y Francisco Pizarro, ambos conocidos por su crueldad.

Los españoles no solo esclavizaron a la población nativa de este continente, sino que también impusieron su religión, lo cual fue mal acogido por los aborígenes, que no aceptaban la fe cristiana.

La conquista y colonización encontró resistencias en los habitantes de esas tierras, que se enfrentaron a los españoles a pesar de las desventajas en cuanto al armamento.

Fernando e Isabel: la pareja

Desde hace más de cinco siglos en España reina, y valga la redundancia, la monarquía.

 

De entonces a la fecha se han sucedido reinados más y menos conocidos, pero cada uno con sus particularidades.

Pero sin dudas la pareja que formaron Fernando II e Isabel I ha despertado el interés de biógrafos e historiadores que se han esforzado en recoger todos los detalles de las vidas de estos soberanos.

Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla estuvieron en el poder desde 1474 hasta 1516.

Ella, que pasó a la historia como Isabel I la Católica o Isabel I de Castilla, era muy joven, tenía menos de veinte años cuando su hermano, el entonces Rey, la reconoció como la futura reina.

Uno de los chismes históricos que trascendieron sobre su unión con el príncipe Fernando II de Aragón fue que esta boda se celebró en secreto, en el año 1469. Un año después el soberano, Isabel perdió su derecho a la corona por inconformidad del soberano actual.

La disputa que generó la elección de la nueva reina tras la muerte del rey, en 1474, dio paso guerra civil que trajo como consecuencia, dos años después, el instauración de Isabel en el trono.

Al reinado de este matrimonio se le debe el llamado descubrimiento de América, en 1492.

Se comenta en la historia que esta pareja, a pesar de su unión por conveniencia, logró desarrollar una empatía muy fuerte.

Mucho se ha hablado de las fervientes cartas que Fernando le enviara a Isabel, mientras que de ella se conoce que fue una esposa dominada por los celos.

No obstante entre este matrimonio no faltaron inconvenientes sobre todo por el poder, pues ella se imponía como la verdadera soberana, mientras que para él solo quedaba el rol de cónyuge. Pero lograron eventualmente resolver estos conflictos y preocuparse por asuntos de otra índole como las muertes sucesivas de su descendencia.

Estos esposos lograron superar sus diferencias y se dedicaron a la expansión del poder real, así como a darle un impulso a la economía, así como fortalecer el catolicismo.

Isabel la católica murió con poco más de 50 años, luego de una etapa de sufrimientos por cuestiones familiares.

Árabes en España: una parte de la historia

La invasión árabe en España data del año 711. Por esa fecha bandas que llegaban de Oriente y África del norte lograron acabar con el reinado del visigodo Don Rodrigo, que cayó en la batalla de Guadalete.

Desde ese momento los árabes se apropiaron de la Península Ibérica. Esta dominación, aunque algunos no sepan de su existencia, tuvo una duración de ocho siglos.

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Los musulmanes se extendieron en poco tiempo y abarcaron todo el territorio, solo quedó fuera de su poder un pequeño territorio del norte. La conquista no les fue difícil, pues los territorios capitulaban casi sin resistencia.

El nombre islámico de España fue Al-Andalus, y durante todo ese tiempo se mezclaron las culturas, lo que aún se puede percibir. Durante los primeros momentos, es país se subordinó al califa de Damasco.

Al principio de este periodo, se tomó como capital el territorio de Sevilla. Pero duró poco tiempo hasta que se le otorgó esta condición a Córdoba.

Entre los propios musulmanes no había paz, al contrario, las distintas etnias entraban en pugnas frecuentemente.

Luego de un periodo de luchas internas se alzó Abd. Al-Rahman III como soberano y logró que el reino volviera a estabilizarse. Fue durante este periodo que la España musulmana renació.

A partir de este mandato se logró que el arte, la arquitectura, la ciencia, la medicina y la literatura. Por esos tiempos Córdoba se convirtió en una de las ciudades más llamativas de Occidente.

Pero nuevas divisiones fragmentaron el poder de los árabes y los cristianos aprovecharon para avanzar.

A partir de este momento comenzó el declive del poderío musulmán.

No obstante, su estancia prolongada en España marcó un punto de giro en el desarrollo del país. Uno de los mayores efectos de este periodo se sintió en la lengua, que fue impuesta.

Durante todo este tiempo las personas se vieron obligadas a comunicarse en este idioma y a ahí comenzaron las mezclas.

Se hablaba en dependencia del sitio y la compañía. Muchos espacios de resistencia se aferraron a su idioma. Pero la fusión fue inevitable y el idioma se apropió de muchos vocablos de procedencia árabe.

Aunque hayan pasado siglos desde entonces, el paso de los árabes por España marcó su impronta y aún hoy se siente.