La guerra y el arte

Nota: la pintura que acompaña este artículo es obra de Ernest Descals – ernestdescals.blogspot.com

Cada país tiene su hecho histórico recurrente. En América Latina la historias de las dictaduras no se olvidan, el tiempo pasa, pero ellas están ahí, en la memoria colectiva, y duelen. En España esto ocurre con la Guerra Civil, un periodo de la historia del país que todavía es doloroso porque implicó grandes injusticias.

Como suele pasar con estos asuntos, la Guerra Civil española ha pasado a la historia de manera oficial, por decirlo de algún modo, y también de otras formas. No solo los serios libros de los académicos hablan de estos hechos, sino la literatura en sentido general y también el cine.

Si de la Guerra Civil española se habla se pueden citar, así sin pensarlo mucho, dos películas recientes: La voz dormida, de Benito Zambrano y El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro. Estas son dos películas que desde maneras muy distintas tratan el fenómeno de la guerra. Son historias, que salen de lo local para insertarse universalmente en los sentimientos de las personas. No importa que se proyecten en Madrid, México o La Habana. Quien vea estas películas entiende parte del sufrimiento de la España de la guerra durante este periodo y posterior a él.

Claro que estos son solo dos ejemplos de los múltiples que se pueden citar para ilustrar cómo el cine se ha apropiado de estas historias para contarlas con sus recursos. Y no es este el único arte que ha hecho de la Guerra Civil un tema. No se puede dejar de mencionar la literatura en este recuento.

Cuando la prensa sufre una seria censura, cuando los periodistas son perseguidos y asesinados para que no digan la verdad ahí llega la literatura para recoger las historias ocultas, para no dejar pasar el tiempo y olvidar las injusticias.

Un libro que recoge magistralmente este periodo es la trilogía La forja de un rebelde, de Arturo Barea. Su autor, exiliado en Londres, se vio obligado a publicar su novela en inglés y solo mucho tiempo después fue que se publicó en España.

El arte y la guerra tienen definitivamente mucho en común. Y más allá de la discutida misión del artista como defensor de una causa, lo cierto es que su trabajo ha servido para denunciar y exponer grandes males.

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