Fernando e Isabel: la pareja

Desde hace más de cinco siglos en España reina, y valga la redundancia, la monarquía.

 

De entonces a la fecha se han sucedido reinados más y menos conocidos, pero cada uno con sus particularidades.

Pero sin dudas la pareja que formaron Fernando II e Isabel I ha despertado el interés de biógrafos e historiadores que se han esforzado en recoger todos los detalles de las vidas de estos soberanos.

Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla estuvieron en el poder desde 1474 hasta 1516.

Ella, que pasó a la historia como Isabel I la Católica o Isabel I de Castilla, era muy joven, tenía menos de veinte años cuando su hermano, el entonces Rey, la reconoció como la futura reina.

Uno de los chismes históricos que trascendieron sobre su unión con el príncipe Fernando II de Aragón fue que esta boda se celebró en secreto, en el año 1469. Un año después el soberano, Isabel perdió su derecho a la corona por inconformidad del soberano actual.

La disputa que generó la elección de la nueva reina tras la muerte del rey, en 1474, dio paso guerra civil que trajo como consecuencia, dos años después, el instauración de Isabel en el trono.

Al reinado de este matrimonio se le debe el llamado descubrimiento de América, en 1492.

Se comenta en la historia que esta pareja, a pesar de su unión por conveniencia, logró desarrollar una empatía muy fuerte.

Mucho se ha hablado de las fervientes cartas que Fernando le enviara a Isabel, mientras que de ella se conoce que fue una esposa dominada por los celos.

No obstante entre este matrimonio no faltaron inconvenientes sobre todo por el poder, pues ella se imponía como la verdadera soberana, mientras que para él solo quedaba el rol de cónyuge. Pero lograron eventualmente resolver estos conflictos y preocuparse por asuntos de otra índole como las muertes sucesivas de su descendencia.

Estos esposos lograron superar sus diferencias y se dedicaron a la expansión del poder real, así como a darle un impulso a la economía, así como fortalecer el catolicismo.

Isabel la católica murió con poco más de 50 años, luego de una etapa de sufrimientos por cuestiones familiares.

Árabes en España: una parte de la historia

La invasión árabe en España data del año 711. Por esa fecha bandas que llegaban de Oriente y África del norte lograron acabar con el reinado del visigodo Don Rodrigo, que cayó en la batalla de Guadalete.

Desde ese momento los árabes se apropiaron de la Península Ibérica. Esta dominación, aunque algunos no sepan de su existencia, tuvo una duración de ocho siglos.

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Los musulmanes se extendieron en poco tiempo y abarcaron todo el territorio, solo quedó fuera de su poder un pequeño territorio del norte. La conquista no les fue difícil, pues los territorios capitulaban casi sin resistencia.

El nombre islámico de España fue Al-Andalus, y durante todo ese tiempo se mezclaron las culturas, lo que aún se puede percibir. Durante los primeros momentos, es país se subordinó al califa de Damasco.

Al principio de este periodo, se tomó como capital el territorio de Sevilla. Pero duró poco tiempo hasta que se le otorgó esta condición a Córdoba.

Entre los propios musulmanes no había paz, al contrario, las distintas etnias entraban en pugnas frecuentemente.

Luego de un periodo de luchas internas se alzó Abd. Al-Rahman III como soberano y logró que el reino volviera a estabilizarse. Fue durante este periodo que la España musulmana renació.

A partir de este mandato se logró que el arte, la arquitectura, la ciencia, la medicina y la literatura. Por esos tiempos Córdoba se convirtió en una de las ciudades más llamativas de Occidente.

Pero nuevas divisiones fragmentaron el poder de los árabes y los cristianos aprovecharon para avanzar.

A partir de este momento comenzó el declive del poderío musulmán.

No obstante, su estancia prolongada en España marcó un punto de giro en el desarrollo del país. Uno de los mayores efectos de este periodo se sintió en la lengua, que fue impuesta.

Durante todo este tiempo las personas se vieron obligadas a comunicarse en este idioma y a ahí comenzaron las mezclas.

Se hablaba en dependencia del sitio y la compañía. Muchos espacios de resistencia se aferraron a su idioma. Pero la fusión fue inevitable y el idioma se apropió de muchos vocablos de procedencia árabe.

Aunque hayan pasado siglos desde entonces, el paso de los árabes por España marcó su impronta y aún hoy se siente.